Gustavo Bordet ya tiene su equipo. Ahora se verá. Atento a la atención de la clase media, el Gobernador hizo los cambios que reclamaban ese sector y la política, en su seno. Se deshizo del único Urribarri que podía correr, aunque fue éste quien renunció. Esa salida estuvo avalada por su padre, Sergio Urribarri, presidente de la Cámara de Diputados, cuerpo en donde todas las iniciativas impulsadas por el Poder Ejecutivo suelen salir por unanimidad. No ocurre lo mismo en el Senado.

El mandatario prometió al inicio de la gestión – con olfato– que no tendría un solo funcionario sospechado por un hecho de corrupción. La última semana sacó a Jorge Rodríguez del Ente Provincial Regulador de la Energía (EPRE). Hizo lo mismo con Luis Erro unas semanas antes. Aunque, vale aclarar, que las imputaciones son bien distintas en uno y otro caso. Alicia Feltes, sin embargo, aun forma parte de la estructura del gobierno. La directora de Vialidad está imputada en la causa de la Cumbre del Mercosur.

El poder político, según la nueva reestructuración del gabinete, dejó a Bordet como jefe con ejército propio. En el Ministerio de Gobierno – se dijo en este sitio en su momento- lo comanda Rosario Romero, una funcionaria todo terreno con enorme capacidad de comunicar la gestión y fluido lenguaje técnico para poner al servicio de cualquier inconveniente. Todos saludan esa incorporación, excepto los sectores del molinismo y solanismo. Hubiesen ido el 22 de octubre a la noche a ponerle la cara a la derrota, quizás ligaban algo.

El Ministerio de Desarrollo Social quedó en manos de la única funcionaria que desde el 10 de diciembre Bordet distingue como propia: Laura Stratta. La victoriense quedó fortalecida si se analiza las áreas que quedaron debajo de su órbita luego de que pasara la tijera bordetista. Por caso, el Consejo Provincial de Prevención de las Violencias (Coprev), el Instituto Provincial de Discapacidad (Iprodi) y la Secretaría de la Juventud, entre otras áreas.

La Secretaría General de la Gobernación, a cargo de Edgardo Kueider, también se fortaleció tras la reestructuración. La mano derecha del Gobernador tendrá a su cargo las áreas de Modernización del Estado; y de Ciencia, Tecnología e Innovación. Estas secretarías fueron absorbidas por la estructura de Kueider. El concordiense tendrá la caja del Consejo Federal de Inversiones (CFI), que Adán Bahl, en la gestión anterior, supo utilizar con habilidad. Allí también se cobijará a las secretarías de Turismo y Cultura, que tendrá a cargo a Carolina Gaillard.

En el Ministerio de Planeamiento, Infraestructura y Servicios sigue Luis Benedetto, que junto a Kueider acompañan a Bordet desde la intendencia de Concordia. A cargo de Benedetto quedó la Secretaría de Energía, Enersa, EPRE, la Unidad Ejecutora Provincial (UEP) y la Comisión Administradora para el Fondo Especial de Salto Grande (Cafesg).

En el Ministerio de Economía y Hacienda seguirá Hugo Ballay. Se lo sindicó siempre como un urribarrista paladar negro, pero el hombre mantiene una vieja relación con Bordet. Ambos son contadores. Y de Concordia. A Luis Erbes, viceministro de Economía, algunos lo veían afuera del gabinete e incluso difundieron esa versión. Los motivos: la causa por enriquecimiento ilícito. Es, junto con Feltes, a quien no le habría alcanzado la ola transparente.

Al Consejo General de Educación (CGE) fue Marta Landó. Se trata de una funcionaria cercana a Juan José Bahillo, uno de los brazos políticos de Bordet.

El Ministerio de Salud fue, aunque con anterioridad, renovado por Bordet. Puso allí a Sonia Velázquez, a quien apoyó en las últimas semanas con la reglamentación del protocolo del aborto no punible. Ese cambio terminó con la carrera de Ariel De la Rosa, un hombre del riñón de José Ángel Allende. El mandamás de UPCN digirió el mal trago sin chistar. Antes había sacado a Mercedes Solanas del Copnaf para poner a una técnica que estima y apoya: Marisa Paira.

Bordet cuenta con equipo propio. Con ese gabinete enfrentará la segunda etapa de su gobierno. Tiene un manejo diferente de la política, si se lo compara con su antecesor. No mantiene relaciones asiduas con la dirigencia, ni el teléfono está abierto a la ligera. El Gobernador traza su hoja de ruta para la reelección. Puso en marcha una ronda de consultas para impulsar una reforma política. Si la misma no sepulta la Ley Castrillón, lo reformado puede caer en el maquillaje. El peronismo – por tradición y práctica - tiene como único lugar apto para el debate la pelea electoral. El PJ no discute en comité, ni en un café, sino en una interna. En agosto hubo un atisbo. Pero en dos años, lo que está en juego, es otra cosa. Y más grande.
Fuente: Página Política

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