Cuando se apagan los micrófonos, en algo concuerdan peronistas, radicales, macristas, socialistas y hasta gente de la más dura izquierda: en Entre Ríos al peronismo le va a resultar difícil revertir en octubre los resultados de agosto.

Y no por culpa del gobernador Gustavo Bordet, a quien lo reconocen como el dirigente con mejor imagen de la provincia, sino por la incontenible ola nacional que en apariencia viene creciendo a favor de Cambiemos, sin que la promesa incumplida de la reactivación económica o la vergonzosa manera en la que se movió el gobierno de Mauricio Macri ante la desaparición de Santiago Maldonado le hagan mella.

No pocos peronistas dan por perdida la elección de octubre. Pero, curiosamente, no observan a esa presunta derrota como el final de nada, sino que lo vislumbran como una oportunidad.

En ese análisis -que con distintas variantes menores es compartido por importantes dirigentes de la primera línea del radicalismo y del PRO- imaginan el camino por venir en la provincia, con las siguientes estaciones:

1- Bordet pierde en octubre por una diferencia igual o levemente superior a los cinco puntos de agosto. Los porcentuales varían según quien sea el que haga la especulación. Pero el concepto es que no se trate de una derrota catastrófica, sino de una que desate una interna controlable.

2- Bordet consigue manejar esa interna –evitar que le afecte la gobernabilidad- y, a fuerza de gestión, logra mantener su buena imagen positiva ante la sociedad, que es la que en definitiva define en las internas abiertas, por encima del peso de las estructuras partidarias.

Un movimiento clave en ese camino sería la oxigenación de su gabinete tras la derrota electoral, lo que en los códigos internos supone despegarse del ex gobernador Sergio Urribarri, para estrenar de una buena vez el bordetismo y ejercer plenamente la conducción del PJ provincial.

Los que creen posible esta jugada recuerdan que el peronismo perdona las traiciones, pero nunca las derrotas. Si demostrara que ese movimiento lo pone en condiciones de asegurar la continuidad del PJ en el poder provincial no encontraría mayores reparos internos.

Separado de Urribarri y sus causas judiciales, Bordet podría entonces resultar más creíble cuando hable de transparencia. Potenciaría algo que ya tiene: su imagen de honestidad. Y, lo más importante, se adueñaría del discurso de Cambiemos. Podría vender incluso que su condición de peronista le aporta la sensibilidad social de la que carecen los políticos empresarios de Cambiemos.

3- Bordet desdobla las elecciones de 2019 porque ya lo arregló con Frigerio. Dicen que en este país unitario, para convocar a elecciones provinciales separadas de las nacionales, Bordet tiene necesariamente que acordarlo con Frigerio. De lo contrario, correría el riesgo de que le cierre el grifo de fondos para la provincia y el Gobernador no pueda siquiera pagar los sueldos en los meses previos a las elecciones.

Según dicen algunos en Cambiemos, gobernar Entre Ríos no está entre las prioridades de Macri. Y tampoco entusiasmaría mucho la idea a Frigerio, que tendría planes superiores para 2019. Sólo bajaría a la provincia como un plan B.

Hay que recordar que un desdoblamiento electoral aumentaría, en teoría, las chances de reelección de Bordet. La explicación en la siguiente nota: Naturalmente, Frigerio/Macri no accederían a un desdoblamiento a cambio de nada. Reclamarían poder de veto sobre las listas de candidatos peronistas al Congreso de la Nación. Macri no quiere retirarse de la política sin probar lo que se siente gobernar con un Congreso a favor, o al menos más amigable que el que le tocó en este mandato. Para eso necesita peronistas con los que se pueda negociar. Y Entre Ríos, en dos años renueva no sólo diputados, sino también senadores.

En estos dos primeros años de gobierno Bordet contó con el acompañamiento de los dos senadores nacionales por Entre Ríos del Frente para la Victoria, pero encontró resistencias de parte de los cinco diputados nacionales de su propia fuerza política, que se mantuvieron bajo la conducción de la ex presidenta Cristina Fernández.

No es que Macri no quiera que Cambiemos llegue al gobierno provincial con, digamos, Atilio Benedetti como candidato. Pero aseguran que no le quita el sueño. Es más, en la visión de algunos hombres de Cambiemos, un segundo mandato de Bordet no vendría mal para que el contador peronista –que ha demostrado aplicación para equilibrar los números de la administración- pueda avanzar en el saneamiento de las cuentas públicas y dejar una provincia más atractiva para gobernar que la actual.

No hay riesgos de que ese trabajo de saneamiento, reclamado por años desde sectores no peronistas, pueda seducir al voto de Cambiemos a favor de Bordet. Por la reforma constitucional de 2008, el actual gobernador no puede ser reelecto más de una vez.
Fuente: Página Política

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