Por Sergio Urribarri

Estamos viviendo momentos difíciles en el país que nos exigen la máxima atención y análisis. Por más que algunas pantallas nacionales pretendan tapar el sol con las manos, lo cierto es que la situación económica y social es sumamente alarmante. La responsabilidad es del gobierno nacional que viene llevando adelante políticas de apertura indiscriminada de importaciones y especulación financiera, destruyendo así la producción y la industria nacional, y dejando a miles de trabajadores en la calle.

El déficit de la balanza comercial es un indicador claro de la gravedad de esa situación. Se pasó de un superávit de 1.969 millones de dólares en 2016 a un déficit de 8.471 millones de dólares en 2017. El déficit acumulado de este año equivale al 14,5% del total de las exportaciones.

En lo que se refiere a la balanza comercial con los tres socios principales de la Argentina, los números también son más que preocupantes: de enero a diciembre de 2017 el déficit se incrementó un 87% con Brasil, un 33% con China y un 25% con Estados Unidos.

A esto se le suma el contexto económico internacional que presenta síntomas de un posible colapso producto del estallido de la burbuja bursátil, particularmente en el sector tecnológico. Es que la estructura económica global poscrisis de 2008 ha profundizado la desigualdad, el endeudamiento público y privado, y la especulación financiera.

Y como si esto fuera poco, es muy probable también que el aumento del índice de inflación de enero -anunciado esta semana- en Estados Unidos tenga un impacto negativo en la economía Argentina, en tanto presionará sobre el tipo de cambio y se incrementará el costo del financiamiento.

Ante esta realidad es inevitable remitirse al Premio Nobel Joseph Stiglitz (foto) y a su visión sobre el rol del Estado en las economías globalizadas. En efecto, el Estado debe intervenir activamente para impulsar el crecimiento fomentando y resguardando la producción nacional, y protegiendo a los sectores más vulnerables de la población.

El pensamiento de Stiglitz siempre ha sido disonante en ciertos ambientes en donde campea la tecnocracia, pero para los peronistas es consonante con nuestra doctrina y nuestra acción de gobierno.

El círculo virtuoso de la industria, el trabajo y el consumo que pusieron en funcionamiento el General Perón, Néstor y Cristina fue la clave del crecimiento con inclusión social logrado durante sus mandatos. Y en nuestra Patria chica, en Entre Ríos, también la promoción industrial y el desarrollo de pymes fueron la prioridad de nuestra gestión.

El avasallamiento de derechos al que asistimos hace que el sujeto político de este tiempo sea el trabajador. Porque es el mundo del trabajo el primero que empieza a desmoronarse, y es el primero que puede armar un frente de lucha constante en defensa de los intereses del pueblo.

Hoy debemos ser más peronistas que nunca. Al igual que ayer, el pueblo es protagonista, y quienes tenemos injerencia en la vida política, debemos dar la discusión con respeto, compromiso y responsabilidad.
Fuente: Página Política

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